Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta amor. Mostrar todas las entradas

viernes, 12 de junio de 2009

“Cuando mi voz calle con la muerte, mi corazón te seguirá hablando.”


Este es un nuevo espacio creado en conjunto entre El Perro y Amores que matan. Espero que lo disfruten tanto como nosotros lo estamos haciendo. El título del post pertenece a Rabindranath Tagore (1861-1941) Filósofo y escritor indio.

No importa el lugar, el tiempo ni la condición. El amor se manifiesta, sin discriminación. Sublime, puro, trascendiendo los umbrales infinitos de nuestra existencia.
John Roudyhair y Priscilia Daughin se amaron en otra época, con condicionamientos sociales, de tiempo y de distancias. Pero ni el ancho océano Atlántico ni los espaciados encuentros pudieron contra lo que ellos sintieron.
Existieron? Seguro que sí.




Querida Priscilia:

De más está decirte que esta misiva no debe ver la luz del sol. Tu padre, seguramente, mandaría por mi cabeza al enterarse de que estamos intercambiando correspondencia. No es esa tu intención, verdad?

Déjame decirte, también, que a mediados de febrero estará zarpando el buque que me ha de llevar, finalmente, a tus brazos. Debo recalar en Londres por negocios y calculo que me quedaré allí por una o dos semanas. Luego, mi intención es encontrarte, aunque más no sea, por una noche. Quizá ya sea abril... Crees poder hacer los preparativos necesarios? Inténtalo, princesa, pues no sabes el deseo que siento de verte otra vez. Si tan sólo te contara de la pasión que me desborda por las noches al pensar en tí... Pero no temas...no la estoy malgastando con quien, tú ya sabes, no la merece. Esa situación se había tornado insostenible. Y con la excusa de mi tos y esta leve y bendita fiebre que la acompaña, hace ya varias noches que dormimos en cuartos separados... Gracias al cielo, pues no soportaría serte infiel... Ni siquiera con mi propia... Si hasta me vienen náuseas de tan sólo nombrar el vínculo.

Hermosa Priscilia...sé que has esperado por mí un tiempo considerable. Lo menos que puedo hacer por tí es jurarte fidelidad y dedicarme, eternamente, a amarte. Lo sé...soy un pecador que no merece la redención celestial. Y que esta sociedad pacata, seguramente, gozará con mi condena. Pero no me importa... Sólo en tus brazos estaré alcanzando el perdón a mis faltas. Sólo en tus ojos estaré hallando la luz que me guíe en este presente oscuro. Sólo en nuestra intimidad podré elevarme hacia la definitiva y esquiva felicidad.

Te amo.
Siempre tuyo.

John

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


Diciembre 5, 1868

Mi querido Señor:

Abril se me hace lejano hoy. Pienso en ese mes y ya siento la calidez que traen la primavera y su presencia. De sólo imaginarlo mi cuerpo se estremece.

No se preocupe usted por mi padre. Emilie, mi ama de llaves, cumple religiosamente con el pacto de silencio y discreción que hemos hecho. Tengo mis informantes y he descubierto que esta mujer rolliza tiene un affaire con el encargado de las caballerizas, ¿puede usted creerlo?

Debo confesarle que los días se me hacen muy largos. Las noches están llenas de fantasmas en donde no puedo evitar pensar que otra mujer pueda llegar a tocarlo siquiera. Esa situación me vuelve loca. Sí señor. Estoy enloqueciendo de celos, de inseguridad y de amor.
Me torturan las charlas cómplices que puedan llegar a tener, las miradas, las sonrisas. Me tortura la presencia de ella a unos centímetros de su alma cuando yo estoy a cientos de kilómetros.

Ni siquiera su promesa de fidelidad y de dormir a dos puertas de la alcoba matrimonial me trae paz. Son muchos los meses que nos separan y la carne de un hombre es débil.

Perdone usted mis dudas. Yo estoy aquí, cumpliendo la más grande de las fidelidades, siendo suya en pensamiento, en alma, en razón. En cada fibra de mi cuerpo está su nombre escrito, ya no podré pertenecer a ningún otro hombre en toda mi existencia.

Lo esperaré desde el primer minuto de Abril. Ya he pensado en los arreglos necesarios para poder trasladarme a la casa de campo con Emilie. Allí estaré mi amado, esperando sus eternas caricias y su amor. Sé que con su sola cercanía se me aplacarán todos los dolores que hoy siento, porque usted mi amado señor, es mi cura.
Le dije que entre sus brazos ya no soy frágil y soy la mujer más hermosa del planeta?

Lo amo.

Eternamente suya, Priscilia.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .




Febrero 4, 1869

Priscilia, mi amor:

Necesito decirte, ante todo, que mis sentimientos por ti son los más fuertes que he sentido por cualquier persona en este mundo. Que nada ni nadie podrán alterarlos jamás. Aunque los acontecimientos que voy a relatarte se empecinen en ponerlos a prueba…

Fui víctima de una vislumbrada traición. Lord Cheseline, con quien mantengo una vieja rivalidad desde hace tiempo, me ha tendido una trampa. El muy villano se las ha ingeniado para meter sus narices en donde no debía y ha hallado la manera de abrir el cofre en el que guardé tu misiva. Este endiablado personaje, cuya función es la de ser administrador de los bienes y la fortuna de la familia de mi esposa, ha aparecido en escena con la misión de extorsionarme vilmente. Sabes bien que Cheseline, me odia desde el día en que yo fui el elegido (y no él) para desposarla. Imagínate…ella era la llave que le hubiera permitido alzarse con su fortuna y bienes. Sus dos hermanos están tan ocupados en despilfarrar sus vidas entre el opio y las mujerzuelas que, prácticamente, no tienen incidencia en las decisiones patrimoniales. Se han dejado embaucar por Cheseline cual si fueran niños de pecho. Que ahora, disfrazando su ambición con ropajes de falsa rectitud, me ha amenazado con sacar a la luz mi relación contigo. Todo con la única intención de desprestigiar mi imagen ante nuestros socios comerciales… Entre los que se encuentra, bien lo sabes, tu padre…

Lo que menos me interesa, amada mía, es mi reputación. Sé que esta relación comercial me ha traído dividendos importantes. Pero tampoco voy a privilegiarla. Lo que no puedo permitir, hermosa Priscilia, es que mancillen tu nombre, involucrándote en una situación indecorosa. Y lo que no puedo perdonarme es haber sido lo suficientemente torpe por no preservarte…

He tomado una decisión. Ojalá la entiendas, mi niña. Me batiré a duelo con Cheseline. Quizá cuando esta misiva llegue a tus manos ya se habrá resuelto la contienda. Podré haber salido airoso… En dicho caso, te anticipo, dejaré todo aquí, en Chicago… Esposa y fortuna. Ambas, vestigios de una vida errada que ya no me pertenece. Y marcharé hacia Bristol a encontrarme contigo. A iniciar una nueva vida. A compartir contigo, mi amada, los buenos años que nos esperan.

Si, por el contrario, la suerte no está de mi lado, te cuento que no permitiré, bajo ningún motivo, que ningún inmoral ensucie tu honor con su mala saña… He hecho los arreglos pertinentes para que un chacal silencie a la voz difamadora. Sólo a ti lo confieso. Conoces de mi amor, de mi entereza… Debes saber, también, de mis miserias y debilidades. Al menos me llevaré el consuelo de haber conocido el verdadero amor. De haberme perdido alguna vez en las profundidades de tu mirada, haber acariciado con la mejor de las dulzuras tu piel urgente de mí, y sobre todo, el haber sido cobijado por ti en el mejor de los refugios: tu corazón.

Te adoro.
Tuyo, siempre tuyo
John

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .


Abril 25, 1870

Mi querido señor:

Duelo es la palabra que tengo resonando en la cabeza. De duelo están mi corazón, mi alma y mi cuerpo.
Hace un año que usted se ha ido, de la manera más cruel que el destino pudo poner frente a mí. No he podido ni siquiera despedirlo, mirarlo, tocarlo… escuchar aunque sea su voz unos minutos. La vida se me hace de pronto como una burla despiadada que insiste en la incompletitud de mi existencia y en mi permanencia en el reino de los mortales a pesar de todo.
Casi cualquier medio es válido para tratar de dejar este mundo, menos el de quitarme la vida. Usted sabe cómo he amado la vida, a tal punto de arriesgar mi porvenir por nuestro amor.

No lo puedo negar, en su ausencia me he abandonado un poco. Mi piel ya no luce tersa. Es un saco reseco que contiene mis vísceras, huesos y lo que queda de mi cuerpo. Emilie ha hecho esfuerzos descomunales para alimentarme, hacerme levantar por las mañanas y sacarme en las tardecitas para tomar aire. Debo decir que mis ratos fuera de la casa han sido aferrándome a este manojo de hojas, casi cuatrocientas, enlazadas con una cinta roja, la misma con la que usted anudó el primer ramo de flores silvestres que me regaló. Una carta por día, algunos días dos. Algunas están borroneadas por mis lágrimas, otras arrugadas por la impotencia y la bronca, ninguna escrita sin este amor inconmensurable que siento por usted.

Mis días se sostienen gracias a esta comunicación que usted y yo tenemos. Unilateral de momento, aunque tengo mis serias dudas de que mis palabras salidas del corazón no lleguen de alguna manera celestial hasta su alma.
Temo que de tanto invocarlo, usted realmente no pueda descansar como es debido. He ido constantemente al oficio religioso de los domingos. A pesar de haber incurrido en pecado, pido a Dios por su redención, por la mía y egoístamente por la inmortalidad de nuestro amor.

Esta es la última carta que le escribo. Este tiempo me he aferrado a usted de todas las maneras posibles. Hoy entiendo que mi amor es puro y eterno, y que nada de lo que me ocurra en esta vida lo modificará ni lo desgastará.

Sueño en secreto con otra vida luego de ésta. Mi sueño es más o menos siempre igual. Usted y yo nos encontramos, somos libres, y nos miramos…. nos reconocemos y ni siquiera hace falta que nos amemos, eso ya lo llevamos dentro nuestro. Lo llevaremos vida tras vida, buscándonos y encontrándonos…..con distintos nombres, distintas pieles, la misma esencia, el mismo sentimiento.

Mi querido amado, mis futuros días no me deparan mayores alegrías ni pasiones. Mi único destino posible es el camino del silencio, del confinamiento y de la servidumbre a Dios.
Hoy comprendo que no he perdido su amor, tan solo su presencia física. Esa certeza es la que hoy me mantiene viva. Es su amor y el mío trascendiendo.

Siempre suya mi amor, hoy en alma y espíritu.

Lo amo eternamente.
Suya para siempre.
Priscilia.



El Perro & Georgie


viernes, 6 de febrero de 2009

Valentín. El regreso

La crisis está golpeando en todos lados. En un mundo globalizado y encadenado, no podía ser de otra manera. El efecto mariposa se hace sentir. En Heaven Services, también...


-Podés creerlo, Georgie? Hace tres meses pedí nuevas alas... Las viejas estaban re-baqueteadas, y quería estar preparado para el 2009... Me dieron estas...chinas... Baratas, pero con una autonomía de vuelo hiper limitada... Tres vuelos, cuatro, a lo sumo, y vuelta a la base para recargarlas... Así no se puede, che..!
-No te quejés... En este país, conozco a un ángel que anda a pata... Ni en bondi puede ir, ya...no consigue monedas ni a palos...
-Qué miseria..! Y las flechas? Ni te cuento... Antes, con un buen flechazo bien dado, los dejabas a los fulanos enamorados para toda la vida... Ahora, a duras penas pasan un verano...
-Es lo que hay, Valentín... Cómo andás, che? Siempre solo?
-Cosas de la vida... En casa de herrero... Y no es que me falten oportunidades... Hay varias angelitas que me andan arrastrando el ala... Pero, qué querés que te diga? Me cuesta sentar cabeza... Lo tuyo con..?
-Bien, bien. Es lo único que va pra frente... Hiciste un buen trabajo, turrito...
-Perdón?
-De manera cariñosa... Me pidió que te mandara saludos.
-Mandale un beso... Buena mina..!
-Se lo mando... Hasta cuándo te quedás en Argentina?
-Hasta el 13. Hecho el trabajo, parto hacia otros destinos. Y dejo que celebren tranquilos. Qué sabés del Flaco?
-Estuvimos cenando con él y Chechu, hace unos días. Andan más que bien.
-Como te dije... Flechas eran las de antes... Che...y si picamos algo?
-Dale! Perá que abro un vinito...


* * * * * * * * *


-Buenísimo el Malbec!
-Te gustó? A juzgar por lo que chupamos...
-Muy rico! Se toma solo, je je... Sabés qué? Ahora voy, agarro el arco, las flechas, el GPS, y me doy una vuelta por la zona...
-Te parece? Después de las dos botellas que nos bajamos, yo me quedaría en el molde... Vas a hacer un desastre!
-Mejor! Hace rato que no armo zafarrancho... Uy! Se me mueve todo..!
-Querés un café antes?
-No! Que caiga quien caiga... Esta noche pienso hacer un quilombo fenomenal...
-Mientras no se entere el Barba... No viene mal... Al mundo, le hace falta un poco más de amor...





Valentín, mi amigo... El ángel del amor. Hoy, en un estado bastante especial... y en misión singular: enamoramientos aleatorios... Qué locura, no? En un mundo en donde todo está al revés. En donde se justifican las guerras, se exacerban los egoísmos, se defiende lo indefendible...


Salí y armá despelote... Te banco a morir...


Georgie

martes, 5 de agosto de 2008

Cosita loca


-Hola, Daniel? Podés hablar?
-Sí, quién es?
-Georgie...de Buenos Aires...
-Ah...sí! Necesitabas algo..?
-No... Quería decirte que largo acá... No me dá la cara para tanto...
-Bárbaro!!!
-Y que te quedes tranquilo, que ya arreglé con Susana... Ella se va a ocupar de atender a la platinada y a Patote...
-Ah, fenómeno..!
-Y que me divertí mucho con Stellita..! Linda jodita me preparaste...
-Sí...sí...
-Te pasa algo? Podés hablar tranquilo?
-Más o menos... Estaba con mi mujer, en plena siestita...
-Fiestita?
-Para el caso, viene a ser lo mismo...
-Uy!!! Disculpame!!! No sabía... Bueno, te dejo terminar...lo que estabas haciendo. A tu vuelta charlamos... Chau...
-Sí, sí... Chau...

Pero qué chambón este Daniel... Dejó el celular abierto mientras... Hay cosas que no se entienden, che... Gente grande..! Te hacen sentir un hincha-pelotas! Y todo por no tomar precauciones... Peor que los chicos..!

Bueno...hablando de chicos... Yo no sé a ustedes...pero a mí, tanta libertad sexual, hablo de la de nuestros hijos, obvio, me está poniendo los pelos de punta...

Aunque, en el fondo, dá un poquito de envidia... La viven sin tanto rollo. Pero es lógico...cuesta acostumbrarse. En mi época, las cosas eran diferentes: se hacía lo mismo, pero se ocultaba todo... Cuánta hipocresía...qué lo parió..!

Y uno la fué piloteando...un poco mintiendo...otro poco tapando... Y entre tanto tapujo, se fué acostumbrando... Y para decirlo, con sorna y rimando... A Dios rogando, y con el mazo dando...

Secuelas de una educación rígida, que le dicen... Menos mal que nuestros hijos, nos ayudan a aggiornarnos... Pero cuesta... No es fácil.

Consejos para sobrellevar la situación:

Jamás perder la compostura. Aunque se nos revuelvan las tripas siempre tener a mano un Vos sabés que soy abierto... Podés confiar en mí... Una vez escuchado lo que no queríamos escuchar, dirigirse a un espacio abierto, cerciorarse de que no hay nadie a doscientos metros alrededor, y putear. A los gritos, pero tratando de mantenerse tranquilos... De a poquito, aprender a tragarse sapos... No olvidar: el secreto pasa por aprender a masticarlos...

Ponerle a nuestra cama un cerco perimetral, colgar en la pared la foto de Romualdo, nuestro adusto-cara-de-orto bisabuelo bigotudo, dejar sobre la cómoda una urna con las cenizas de la abuela Clotilde... En fín, cualquier artilugio para desalentar el uso de nuestra propia habitación para dichos menesteres, que no nos incluyan, precisamente, a nosotros... Parece mentira, pero, habiendo en casa varios dormitorios, y tantas sábanas para arrugar, justo los turritos van a pretender hacerlo sobre las nuestras... Demarcar el territorio, es bueno... Y más higiénico, también...

Nunca entrar a sus dormitorios sin golpear la puerta... -Bichi...voy a la farmacia... Necesitás algo? -Sí, vieji...Pablito quiere que le traigas una cajita de los texturados... Respetar sus privacidades, también es esencial... Tanto como las pildoritas de la nena...o los forritos para el noviecito...

Antes de volver a casa, pegarles un llamadito... -Hola, Pepita, estoy yendo para allá... Todo bien? Si querés tardo un poquito más, eh..! Total...no vamos a armar tanto quilombo por una pequeña demora... Que está lloviendo y hace un grado bajo cero? Nimiedades... A no ser que hayamos ido a por los forritos... Ahí sí...a batir los records... -Perá, perá...acá están... Llegué a tiempo, no? -Sí, mami... Justito un segundo antes del segundo... Qué esperabas? Son chicos, y las hormonas, a full...

Y tener siempre en cuenta, que después de todo, no hay nada más lindo que verlos felices. En lo posible, sin panzas... Que a la chiquita del 3°"D" le llenaron la cocinita de humo? Cómo? Que no se sabe quién es el padre de la criatura? Que la mamá no quiere ser abuela a los treintayocho pirulos, y que el padre no va a poder levantar el culo del taxi? Bueno, che... Qué quieren? La felicidad completa? Recuerden: si Diosito, allá en el Cielo, quiere que todo concluya con la pancita llena, que sea con el corazoncito contento...

-Viejo... Desde cuándo sos tan religioso vos? Nunca te había visto rezar tanto..!

Georgie


crazy little thing called love - Michael Buble

lunes, 16 de junio de 2008

Exposiciones

Mi último post ha sido muy revelador. En él dejé ver ciertos sentimientos que vienen presentándose en mi vida, quizás sin tomar conciencia de que estaba mostrando costados muy íntimos, tanto míos, como de la persona que me acompaña en la dulce aventura de relacionarnos. Sensaciones por demás personales...

Y aunque sé positivamente, que tanto ella como yo, no tenemos ningún empacho en abrirnos (por lo menos hasta el nivel que decidí contar), es factible que puedan haber lectores que no estén interesados en ciertos detalles. Y a los que, mejor, no conviene abrumar con mis (nuestras) intimidades.

Sepan, simplemente, que sigo viviendo una etapa deliciosa. Pero que, por lo antes mencionado, será fielmente guardado en mi interior. Al menos, hasta el próximo post...

Aprovecho, entonces, para derivarme hacia otro costado.

Les cuento que, desde hace un mes y pico aproximadamente, me uní al grupo de "Canaleteros", que no es otra cosa que, padres del Colegio Marín de San Isidro, jugando a divertirnos, aprender, distraernos y gozar de una Comedia Musical, que iremos preparando, a lo largo del año, con la ayuda de tres coaches en Actuación, Canto y Coreografía.


En esta foto pequeña, pueden observar (y para ello necesitan mucho esfuerzo) a un grupo de Canaleteros, pertenecientes a una puesta de años anteriores. La obra se llamó Entretelones, salió magnífica, y por lo que me han contado los canaleteros veteranos, cada año sale mejor. Cosa que no pongo en duda. Y menos en esta oportunidad, ya que cuentan con el aporte de un eximio actor, deslumbrante intérprete de canciones, y maravilloso bailarín. Por supuesto, me estoy refiriendo a mí mismo...o sea...Georgie, mejor conocido en el ambiente, como il capo de las tablas... Hasta ahora, la tabla del 2 me sale con una fluidez ad-mi-ra-ble... Obvio...por ahora, con machete en mano...

En su momento volveré a la carga con este tema. Con la intención harto-explícita de intentar vender entradas a mis lectores-colegas, por supuesto, a precios promocionales... Las funciones (cuatro, a mi entender) están previstas para el mes de octubre de 2008. Va a ser muy gratificante para mí, contar con sus presencias y apoyo.

Pero...qué estoy haciendo? Por un lado, les ofrezco "salvaguardarlos" de mi exposición pública de sentimientos... Y, por el otro, sigo insistiendo en "mostrarme" abiertamente... Será que no puedo con mi genio? Y les advierto: soy extremadamente tímido... Mmm, no sé... Etapas que uno vive... O, por lo menos, que desea vivir. Por suerte...

Los saludo a todos, agradeciendo sus mensajes por el día del Padre. Lo he pasado maravillosamente bien.

Y Ghost me ayudó a terminarlo mejor... Qué? No conocen a Ghost? Bueno...otro día les cuento...

Georgie

jueves, 27 de marzo de 2008

El mismo loco afán

"La historia vuelve a repetirse, mi princesita dulce y rubia.
El mismo amor, la misma lluvia. El mismo loco, loco afán..."

Me parece mentira...yo, cantando un tango...


Hay tangos a los que hay que sacárseles el sombrero... Sus letras lo dicen todo... Justo cuando parecía que estaba todo dicho...

Y si bien, no voy a ahondar en detalles, que son de índole privado, y que involucran a terceros, surge -inesperadamente- una necesidad imperiosa de darle luz a los rincones oscuros que habitan en nuestras almas, y que, por algún capricho del destino, hasta hoy habíamos dejado olvidado (y mal guardados) en el extenso baúl de los recuerdos.

Recurro a la lluvia. Será que mi espíritu nostalgioso siente una especial predilección por ella, cuando se trata de dejar fluir a los sentimientos? La cosa es que me encanta, me tira y me levanta, me desnuda y me desarma...

Todo cambia...lo sé. La historia será parecida, pero no la misma. Serás princesita, dulce y rubia...aunque no lleves corona ni voladitos, aunque te sientas amarga, y tu color de pelo haya cambiado... El amor...estoy seguro de que persiste. Sólo que vestido con ropajes diferentes. Y la lluvia, aunque parecida a todas las lluvias, tampoco será la misma...

Sólo te quiero decir...el afán, el mismo loco afán...viene conmigo...

Georgie

miércoles, 19 de marzo de 2008

Paseando por los nubes

Acepté la propuesta. Qué podía perder, más de lo que ya había perdido hasta ahora? De última, mataría un recuerdo... Con mi alma lo pensamos bien, y convinimos en que una mancha más, nada le haría al tigre...

-Flaco...dame lo que me prometiste...
-Pará, pará... No tengo un mango...
-No, boludo...el teléfono de Mariana...
-Ja ja ja... Sabía que ibas a venir al pie...

La llamé. Al principio fuimos dos extraños. Su voz, idénticamente igual a la que recordaba. Me preguntó cómo había dado con ella, y le expliqué todo...detalle por detalle. Al cabo de una breve charla, le sugerí la idea de vernos personalmente. Dudó. Bastante. Pero accedió, finalmente. Quedamos en vernos un viernes, a la salida de su trabajo.

-Y? Qué tal?
-Espléndida! Cómo hacés para mantenerte así?
-El trajín nuestro de cada día...

La saludé con un beso en la mejilla. Todavía no podía salir de mi asombro...

-Estás bárbara!

Hacía veinticinco años que no nos veíamos. El tiempo, evidentemente, había jugado en su favor...

-Un café?
-Dale... Te acompaño con una gaseosa...

Estaba comenzando a llover, y nos refugiamos en una confitería de Puerto Madero. Estar sentado con Mariana, después de tanto tiempo, me trajo infinitos recuerdos. Nuestros años de adolescentes, las rupturas, las vueltas, su frescura...

-Contame de vos...
-Trabajo a tres cuadras de acá, en una oficina. Soy mamá de dos adolescentes. Medianamente joven, quedé viuda, y estoy muy lejos de ser estanciera...ja ja. Estudio teatro. Leo novelas, preferentemente de amor. Creo en el amor. Y a pesar de que me ayuda una señora en las tareas de la casa, barro, limpio, lavo, plancho y cocino como una princesa...ja ja. Todo con una mano. Y con la otra, atiendo el teléfono cuando me llaman mis ex...
-No podés negar que te sorprendí...
-Mucho... La verdad, no lo esperaba... Y vos?
-Yo tampoco lo esperaba...
-No, tonto... Contame qué hiciste de tu vida...
-Me casé. Fuí papá de dos niñas. Me divorcié... Volví a meter la pata... Ahora estoy medianamente viejo, pobre y con el corazón magullado...
-Por los desengaños..?
-No. Por un infarto...
-No jodas..!
-No jodo..! Sigo. Escribo novelas de amor. Ahora también barro, lavo, plancho y cocino... Te diría, el candidato perfecto...
-Y qué hay con el amor..? Creés en él?
-De vez en cuando... Muy de vez en cuando... No te rías..! Será por el infarto?
-Contame...

Y le conté del infarto y un montón de cosas más. Nos dejamos invadir por los recuerdos, por las vivencias. Pasaron los minutos, las horas, nos reímos de las desgracias propias y las ajenas. Jugamos con las miradas, y con los silencios. Hasta que una llamada a su celular, nos transportó, de vuelta, a marzo de 2008.

-Sí? Hola, mi amor...No...En un rato...Sí? Qué dijo?...Bueno...en media hora...Sí, con una ensalada...Bueno...Yo también te quiero...Besito...Sí...Chau.
-Tenés que ir? Te alcanzo con el auto...
-Por favor...

Seguimos conversando. De bueyes y amores. Los encontrados y los perdidos. De nuestros hijos. De las soledades. De los miedos... Llegamos a Libertador y Larralde, mucho más rápido de lo deseado...

-Dejame acá... Vivo a dos cuadras...
-Te molesta si te llamo un día de estos?
-Preferiría llamarte yo... Estoy terminando una relación, y no quiero meter la pata...
-Tá... Me voy a quedar esperando...

Y sucedió lo que tanto temía... Yo, que estaba demasiado cómodo con mi soltería, volvía a estar ante la terrible disyuntiva...

Creer en el amor? Es posible... De vez en cuando...

Muy de vez en cuando...

Georgie

sábado, 15 de diciembre de 2007

No me digas adiós


NO ME DIGAS ADIÓS

No me digas adiós, sólo hasta luego.
Vine un instante a recorrer el infinito.
Sentí curiosidad,
quise perderme entre las lunas de agosto.
En un ratito, emprenderé la vuelta.
Estarás dormida,
durmiendo el sueño de la pena.
La noche ocultará mis disfraces fantasmales
y vendré a por tus besos demorados
que tu boca, por culpa de mi ausencia,
no pudo regalarme en su momento.
Los robaré en silencio.
No despertarte será mi estrategia sigilosa.
Antes te observaré completa.
Respiraré tu aire.
Tocaré tu pelo, disfrazado de viento.
Me acostaré a tu lado.
Te haré el amor con la mirada.
Tú seguirás dormida.
Y cuando, por fín, emprenda
la final despedida,
ya estarás liberada para un nuevo romance.
Me llevaré el recuerdo y los últimos besos
para mi nueva morada, aquí en el cielo.
Al despertar, mañana, sabrás de mi visita.
Dejaré en tu diario una flor.
Y en tu ventana,
dos alegres mariposas abrirán sus alas.
Súbete a ellas. Vuela.
Y entrégate al amor.

Georgie

Mi amor es...(Amores esdrújulos)

Como ya les comenté en uno de los posts, los amores pueden presentarse de mil y una maneras y en diferentes envoltorios. Elijan el que más les guste. Sólo por hoy, se los regalo...



MI AMOR ES...
Mi amor es tan utópico, romántico,
irrepetible y cándido.
Es mágico...

Mi amor es un compacto de ternura,
de paciencia y de locura.
Es único...

Mi amor es mundanal, es imperfecto.
Tiene causas, tiene efectos.
Es típico...

Mi amor es caso único en la historia.
Sin pasado, sin memoria.
Inédito...

Mi amor es para vos y es egoísta.
Es machista, feminista
y ambidiextro...

Mi amor es un boleto al paraíso;
de conjuros y de hechizos,
el antídoto.

Mi amor es caliente y exacerbado.
Cochino y desenfrenado.
Es impúdico...

Mi amor es un amor de Zona Norte.
Estirado y de buen porte.
Re-paquete...

Mi amor es una mezcla de cobardías,
impericias y valentías.
Es trágico...

Mi amor es el solar donde me abandono,
me desato y me perdono.
Es íntegro...

Mi amor es el puente que nos conecta.
La sustancia que nos sana y nos infecta.
Es químico...

Mi amor es el Norte de mi destino,
y es el único camino
que conozco.

Georgie

El Viejo y su Mar

Voy a contarles de un viejo muy particular: el mío. Y de una de sus pasiones más arraigadas: "su" mar. El mar de Villa Gesell. Y si el azar quiso que lo pintara tan inocente como el osito Winnie the Pooh, por algo habrá de ser...




Mi Viejo es un personaje de historieta casera. A sus ochenta y un años sigue dando cátedras de vida. De una vida que hoy lo encuentra achacadito, pero con esa alegría tierna y chiquilina que asombra, que contagia. De una alegría que le acompañará siempre, vaya donde vaya, y que si algún envidioso la confunde con chochera, él no se enojará. Porque ha vivido, y caray si se le nota. Ha vivido toda una vida de amor: mi madre, mi hermana y quien les escribe somos sus testigos, los depositarios de una ternura y generosidad inigualables y quizás, sus reflejos. Fuimos siempre sus principales beneficiarios y, hoy, luego de haber visto correr a demasiadas aguas bajo el puente, sus principales aprendices.


En el mar de Gesell encontró uno de sus remansos. Lo conoció en 1967, cuando Villa Gesell era todavía "la Villa", cuando sus calles de arena eran refugio de los primeros hippies, los médanos eran mucho, pero mucho más grandes, y el mar, "su" Mar, lo reconocía en esas madrugadas de pesca, acercándose en las olitas a saludarlo, y dejándole en la suela de sus "Sorpasso" el beso salado que lo recibía.


Han pasado ya cuarenta años de romance ininterrumpido. Hoy la pesca dejó de ser su pasatiempo matinal. Ha cambiado la caña, el reel y los anzuelos, por una bolsita de tejos que lo acompaña en cada excursión a la playa. Es muy raro que se meta al agua y sus estancias en la arena son cada vez más breves. Pero no disimula su emoción cuando esa línea verdosa se dibuja en sus pupilas. Y les puedo asegurar, que del otro lado, "su" mar siente cosquillas cuando lo ve llegar. Como en esas historias donde el amor se deja ver y nos invade la hermosa sensación de la reciprocidad.

Georgie

viernes, 14 de diciembre de 2007

Visitas inesperadas

por Georgie

Parte 1

Llegué a casa cansado y malhumorado. Arrojé mi bolso sobre el sillón del living, me descalcé, y antes de apoltronarme frente a la tele a estupidizarme un rato, le hice una visita al refrigerador. Cerveza en mano, queso untable y cerealitas se dispusieron a acompañarme, por lo menos hasta recién comenzada la película que me salvó del tedioso "Choluleando por un sueño", y el posterior (y no menos cholulo) "Don Mario y sus CeQuaCes".

Allí estaba, cómodamente instalado, quizá lo suficiente como para dar dos o tres cabezazos de sueño y haberle perdido el hilo a la película, cuando me sobresalté con el sonido alcahuete del timbre de calle. Miré la hora: las 11 y media. Quién será?, pensé. El parlante del portero eléctrico me devolvió la voz inesperada y temblorosa de una mujer.

-Soy Lucía, George. Por favor, abrime.

Bajé raudamente. Algo me decía que la urgencia de Lucía tenía un significado más que importante. Llegué en un segundo. Al abrirle, presentí todo...

-Me golpeó...el muy hijo de puta me golpeó otra vez..!

Nos abrazamos fuerte. Ella, sin poder contener el llanto. Yo, tratando de disimular la hermosa sensación que me provocaba el acariciar su pelo. Permanecimos así un largo rato. Ya calmada, la invité a subir.

Nos conocimos en la facultad, veinte años antes. Cursamos juntos dos años. El primero de ellos, a tiempo completo. Ya en el segundo, mi incompatibilidad con algunas materias nos había distanciado un poco, no mucho, lo suficiente como para no advertir que el inconsistente de Pablo se estaba acercando demasiado a ella. Perfeccionista y maquiavélico, supo ordenar los tantos y alejarla lo necesario. Cuatro años después me anoticio de su casamiento, al que asisto, ya desesperanzado...

Corrí el bolso y le ofrecí café. Se sentó y rompió en llanto nuevamente.

-Lo descubrí, George. Hace tres meses que sale con una pendeja de la oficina. Al principio, me negó todo, pero la semana pasada confesó. Le dije que agarrara sus cosas y se fuera. Se puso furioso, no quiere irse...El viernes me dió un cachetazo. Me dijo que antes de largar todo me mata y se mata. Es un hijo de puta..!

-Azúcar?

-Media cucharadita...me estoy cuidando...

-Para qué? Si estás mejor que nunca...

Siempre fue hermosa. Incluso cuando estaba embarazada de Solcito poseía una belleza muy particular. Es como si le brotara de adentro. Y la pancita le daba un aire maternal que me mataba. No voy a negar que muchas veces fantaseé con una familia así. Es difícil relatarles de mi cara cuando me senté frente a la feliz pareja. Lucía tomó la posta y me dijo que me habían elegido padrino del bebé. Nuestros ojitos brillaron. Mientras tanto, Pablo tragaba saliva y miraba para otro lado...

-Qué vas a hacer?

-No sé...si por lo menos se hubiera arrepentido...El muy soberbio, encima, se hace el ofendido...Hoy volví a la carga. Lo insulté...te juro que nunca le hablé así en mi vida...Otro cachetazo y...me dijo que nunca se va a ir...que no va a dejar que le cague la vida...

Le alcancé un paquetito de pañuelitos de papel. Estaba un poquito más calmada.

-Solcito vió o escuchó algo?

-No. Está durmiendo en casa de mamá. Pero creo que algo presiente. Vos sabés cómo adora al padre...

-Ya lo creo...es re-pegada. Y él potenció ese vínculo. Es como si la quisiera tener de aliada...

-Tal cual. Pero yo respeto la complicidad que se tienen. Siempre fueron compinches. Yo los potencié. No sé si no hice mal...

-No, al contrario. Si yo estuviera en el lugar de Pablo, las querría tener conmigo siempre. A las dos...

-Ya lo sé, George. Sé cuanto nos querés.

No. Lucía no sabía. Como padrino de Sol, y siendo un tío solterón, como ella me dice, le hago notar mi cariño. La he llevado a la plaza infinidad de veces, a tomar un helado, al cine y al teatro. Y si no la invité más es porque no le quiero ver la cara de culo al padre. Sé que no me traga, y, en el fondo me parece que siempre sospechó de mi amor por Lu.

-Lu, contá conmigo para lo que quieras...

Me moría por abrazarla de nuevo. La acompañé hasta abajo. Antes de subir a su auto me dió un beso en la mejilla. Cuánto me costó disimular el deseo de confesarle todos mis sentimientos con un beso apasionado! No, no era el momento.

-Gracias. Hoy me voy a quedar en lo de mamá. Ojalá Solchi no se despierte. Mañana voy a hablar con ella. Todavía no sé qué y cómo contarle...

-Mandale un beso.

Otro para vos. Subí al departamento. Mientras acomodaba mi bolso y sacaba la ropa sucia me percaté que el perfume de Lucía había quedado en el ambiente. Pensé en lo hermoso que sería tenerlo esparcido por toda mi piel. Tenía que lavar las tacitas, pero preferí dejarlas para el otro día. Me desvestí y acosté. Tardé bastante en conciliar el sueño. Dí vueltas y vueltas, y creo que me dormí pensando en todo lo que había pasado. Tenía una sensación muy ambigua: por un lado, me dolió verla triste; nunca imaginé que el idiota de Pablo era capaz de jugarle tan sucio. Por otra parte, tenía la certeza de que se abría una puerta que me permitía seguir soñando con recuperar lo que siempre deseé y consideré perdido. No puedo dejar de reconocer que me sentí, en cierta forma, miserable: su dolor era la antesala de mi esperanza. Como castigo, esa noche volví a soñar con ella.

Para lo que quieras, Lu.


Parte 2

Entré a la peluquería, me anuncié a la recepcionista, elegí una revista de decoración (estaba entre esa y otra, de modas) y me tiré a leerla en esos cómodos sillones que toda buena peluquería unisex que se precie de serlo, posee. Me lleva cinco minutos el acostumbrarme a las fragancias, a las chicas que asisten a los peluqueros, y a los peinados que estos mismos peluqueros llevan en sus cabezas, y hacen a las cabezas de sus despreocupadas clientas. Transcurrido dicho lapso, ya entro en confianza y me siento como en casa...a pesar de que mi departamento dista mucho del glamour de las revistas y de los personajes presentes.
Grande fue mi asombro cuando la ví entrar. Ella no me reconoció. Se sentó en otro sillón, al lado del mío. La sorprendí.

-Elena...cómo estás?

Elena es la hermana menor de Lucía. Casi tan bonita como Lu, muy bien casada, y con dos criaturitas tan adorables como inquietas.

-Tus diablillos?

- En el cole. Me tomé un respiro...Cómo andás, George?

-En un recreo, también. El verano se nos vino encima...y yo con estos pelos...

-Ja ja. No sabía que te cortabas acá... Sabés lo de Lu?

-Sí. Hablé anoche por teléfono con ella. Me contó. Quedamos en vernos esta noche...

-Portate bien... Sonrió y me guiñó un ojo. Elena y Lucía son tan hermanas como amigas. Y mi compinche. Todavía recuerdo la noche del cumpleaños de Lu, hace tres años ya. Yo me estaba yendo, y al saludarla, me preguntó:

-Qué te pasa? Te ví cómo la mirabas...

En mi sincero pero inesperado silencio, encontró la respuesta.

-Cuidado, George, atrás hay una familia...

-Ya lo sé... No te preocupes. Lo puedo manejar...

Por lo menos, así lo pensé aquella noche. Media vida dedicada a soñarla, al menos lo terminaba de ratificar. El incumplimiento de uno de los mandamientos más violados no me hacía sentir ni más ni menos arrepentido. Y si bien los embajadores de Dios en el mundo terrenal se empeñaban en acomodarme del lado de los pecadores, yo tenía más que claro que, tanto mi comportamiento como mi pesar, ya me habían redimido lo suficiente como para ganarme un lugar en el Cielo. Las palabras de Elena sólo podían confirmar lo que hasta ese momento había sido la actitud adoptada ante el panorama que se presentaba. La de un amor en silencio, por prudencia y por respeto a todos los protagonistas de la historia. Incluyendo a Sol, y hasta por qué no, al indeseable y más que afortunado, Pablo.
El peluquero me llamó e interrumpí la charla que veníamos llevando con Elena, no sin antes deslizar un:

-Sabés que nunca podría portarme mal con ella.

-Ya lo sé, tonto... Suerte..!

La necesitaba. Un corte de pelo, pensé, podía darme un aire nuevo.
El haber amado y callado durante tanto tiempo había dejado una huella marcada en mi pecho. Un dolor feo me aquejaba de tanto en tanto, y en un improvisado auto-diagnóstico ensayé la siguiente explicación: la angustia me había ganado y ocupado una buena parte de mi capacidad respiratoria. Mis pulmones no recibían el suficiente aire y, por lo tanto, ello provocaba agitación y una desagradable sensación de taquicardia. Y si bien algunos médicos a los que consulté adjudicaron mi fatiga al exceso de tabaco, desconocían mi adicción a los amores imposibles.
Esa noche debía encontrarme con Lucía. Quería lucir prolijo, gustarle. Por ello, la razón de mi corte de pelo. Aire nuevo. Aire. Para percibir su perfume. Para impregnarme de su esencia. Para tomar coraje y empezar a contarle de mi amor eterno. De ese amor suspendido en tiempo y espacio, que buscaba un resquicio para colarse.

Sin saberlo yo, y sin imaginarme, siquiera, Elena se me había adelantado.

Por fín los astros comenzaban a alinearse...


Parte 3

-Sol...timbre. Te fijás quién es?

-La tía, má. Voy a abrirle...

Solcito bajó corriendo. La dulzura de Elena, sumada a su complicidad, eran la puerta siempre abierta al corazón de Sol. Y si bien Lucía, contaba con un séquito de amigas, del club, de cerámica, mamás del colegio y colegas del estudio, ninguna se comparaba a la ternura que su tía del alma despertaba en ella.

-Tía...holis...sabés que me saqué un diez en Lengua..?

-Debe ser porque no la usás nunca...ja ja.

-Tiene a quien salir, no? Cómo estás, hermanita..?

-Uy...cansada. Los diablitos de tus sobrinos hoy me hicieron renegar más de la cuenta...Vos?

-Pasá que en un ratito te cuento...Sol...no tenías deberes, vos?

-Ufa, mami! Los hago después...

-No, señorita! Te llevás los útiles a tu cuarto y los hacés ahora. Podés prender la tele, bajita...

-Está bien...Pero que la tía después me mire la carpeta...

-Bueno, Solchi. Después me la mostrás, sí?

Las hermanas se sentaron en el living, no sin antes prepararse un café. El café era un ritual que compartían siempre. A veces en casa de una, a veces en casa de la otra. Cuando no lo hacían en las escapaditas a Unicenter, en donde, además de tomarlo en la confitería paqueta del último piso, recorrían las vidrieras de los locales, chusmeando las últimas novedades en materia de vestimenta femenina y, por qué no, despuntando el vicio con la compra de una remerita para ellas, o alguna pilchita para sus respectivas criaturitas. Pero hoy el tema daba para tomarlos en un ámbito más íntimo, la casa de Lucía.

-Al final, hiciste la denuncia?

-No. No quise hacer mucho bardo. Me basta con la promesa de Pablo. Me aseguró que nunca más lo iba a volver a hacer. No sabés qué horrible! Nunca pensé que podía llegar a levantarme la mano!

-Y se fue así nomás? Lo de la casa y las amenazas..?

-Parece que se calmó un poco. Está parando en lo de mi suegra. La madre lo debe haber convencido de que se dejara de joder y empezara a portarse como un hombre. A lo hecho, pecho...

-Y qué pasó con la pendeja..?

-No me preguntes. Ya no quiero saber más. Para mí, Pablo, murió. Decí que está Solcito. Es su papá, y con respecto a Sol, tiene todo su derecho. En lo que concierne a nuestra relación, se acabó todo.

-Ricardo no lo podía creer! Cuando le conté, me confesó que sabía algo de la situación, pero que nunca creyó que lo fuera a llevar tan a mayores..! Flor de reto, le dí..!

-Nooo, pobre Richard! Es un santo..!

-Sí, pero lo apañó..! Son todos iguales, los hombres..!

-Nooo, todos no. Ricardo es un fuera de serie... Y hay otros que actuarían igual.

-Por ejemplo, George.

-Sí, George. Sabés que lo ví? La noche que se armó el despelote, estaba tan sacada, que, después de llevar a Sol a casa de Mamá, pasé por su departamento y fuí a descargar mi angustia con él. Pobre...ya era tardísimo y caí en su casa, sin avisar... George es un tipazo. Me contuvo...siempre tan atento y dispuesto a escucharme...

-Como cuando éramos chicos. Sabés que?, nunca te conté, pero hubo un tiempito en que creí estar enamorada de él... Y el muy turrito nunca me dió ni cinco de bola... Estaba en otra...

-Seguro, te veía como a una nena..!

-No. Él siempre estuvo enamorado de otra persona. Doy fe.

-De quién? Ahora que recuerdo, jamás me confesó nada. Tuvo parejas, tres o cuatro... Pero nunca le duraron... Qué lástima, no? Tiene un corazón de oro...

-Disculpame... Vos nunca sospechaste de nada..?

-De qué? No me digas que George... Yo..?

-Claro, boluda! No me mandes al frente...pero una vez me confesó que eras lo máximo para él... No fue hace mucho...tres o cuatro años...

-Y desde cuándo?

-Desde siempre. En serio que nunca sospechaste nada?

-Te soy sincera...algo me resultaba raro en él, sobre todo cuando éramos chicos... Siempre tan atento conmigo... No voy a negarte que siempre me atrajo su dulzura, su delicadeza... Pero jamás una insinuación, una palabra que lo descubriera... Hasta llegué a pensar que George...
-Que miraba para la vereda de enfrente? No, tonta, ni lo pienses. Lo que pasa es que nunca quiso ponerte incómoda... Además estaba Pablo, y a pesar de que nunca lo bancó, se cuidó de hacer público lo que no debía . Hasta que una noche...

-Hasta que una noche te contó...

-A medias. Yo lo encaré y él no lo pudo negar...

-George... me dejás helada..!

-Fuiste su amor imposible. Desde siempre.

-Otro café?

-Dale! Pero este, con edulcorante.

Las dos hermanas estaban más que exultantes. Elena, porque se había sacado un preciado secreto de encima. Y ya sabemos que, para una mujer, guardar prenda por tanto tiempo puede resultar inconveniente hasta para la propia salud. Y también es necesario agregar que, a su juicio, que Lucía se enterara de que otro hombre podía llegar a estar interesada en ella, bajo estas circunstancias, era un gesto gratificante. Su autoestima necesitaba un mimo de los grandes. Y la noticia del amor incondicional de George hacia ella, justificaba el espíritu buchón del caso.

Lucía, por su parte, no podía salir de su asombro. Considerar a George como más que un amigo, era un reto para sus sentimientos. Necesitaba saber donde estaba ubicada. Los acontecimientos de las últimas semanas la habían golpeado demasiado. Más que nunca, ser considerada objeto del amor de otra persona, la llenaba de orgullo. Un orgullo que necesitaba recomponerse...

-Esta noche lo voy a llamar. Necesitamos hablar. Y mucho.

-Decime... Si George te hablara de lo que siente por vos...

-Qué haría? Todavía no caí. Por lo pronto, quisiera escucharlo. Que me blanqueara todo. Necesito su sinceramiento... No sé si lo consideraría. Todavía estoy procesando lo que pasó. Pero me lo tiene que decir en la cara...

-Y personalmente. Invitalo a tomar un café.

-Un café? Nos van a tener que traer una jarra para cada uno, ja ja.

-Bueno, hermanita, me tengo que ir...Solchi, venga a darle un besito a su tía...

-Tía!, no te vayas que te llevo el cuaderno!

-Qué vas a hacer, mañana? Necesito cambiar la pollerita que le compré a Sol. Le queda chica, cómo crecen estas criaturitas!

-No, mañana no puedo. Voy a ir a la peluquería. Mirá mis mechas... Necesitan un "touch".

-Después de verlo, te llamo...

-Si no me llamás, olvidate de que existo! Muero por saber como va a terminar esta historia!

-Qué historia, mami?

-Pero que lindo cuaderno! Qué prolijito! Te felicito! Por el cuaderno y por el diez en Lengua!

-No puede negar que es hija mía...

-Y mi sobrina...

-Ja ja. Bye, hermana...

-Bye, amiga...


Parte 4 – Final

Cuánto me costó mantener la calma ese jueves! La sensación de opresión en el pecho me persiguió desde la noche anterior. La voz de Lucía en el teléfono me resultó diferente. Intuí que su angustia, por suerte, había desaparecido, y en su lugar alcancé a percibir una extraña sensación de calma. Sospeché, entonces, que habría tomado algún sedante, por lo pausado de sus palabras. Me comentó que necesitaba verme, que quería conversar personalmente y contarme, adiviné, de cómo seguían las cosas. No necesitó pedírmelo dos veces. Mi sí fue tan rotundo y espontáneo que reavivó las ansias de vernos, al menos en mí. A lo largo de la charla, la ansiedad iba en aumento, y la tuve que controlar. Hubiera deseado no tener que esperar un día más, día que iba a resultar eternamente largo y agobiante. Una vigilia tan deliciosa como exasperante…

Habíamos quedado en vernos en el Coffee Store de Acassuso, a las nueve en punto. Llegué cinco minutos antes, estacioné el auto y busqué una mesita alejada de la ventana, en un rincón. Había muy poca gente. Una pareja se hacía arrumacos y reía en uno de los silloncitos. En el otro ala, dos señoras conversaban animadamente de bueyes perdidos, supongo, tan despreocupadas por nuestras presencias, que las supuse almas solitarias, asumidas y convencidas de su resignación al no amor. En el otro extremo estábamos nosotros, que todavía no éramos nosotros, ni siquiera dos. Lucía se había demorado unos minutos y allí estaba, aguardándola, mientras nos imaginaba. La camarera intuyó que mi compañía estaba al llegar, pues ni se molestó en tomar el pedido.

La ví llegar, apagué mi cigarrillo y me acomodé en la silla.

-Hola, divina! Y me incorporé para saludarla.

-Hola! Disculpá la tardanza. Mamá se demoró más de la cuenta… Se quedó con Sol…

-Cómo estás?

-Mejor, mucho mejor…

-Te parece bien esta mesa?

-A vos qué te parece?

-Bárbara… Le faltabas sólo vos…

-Gracias…sonrió y se quitó la camperita. La ayudé a colgarla sobre su silla, y a sentarse.

-Siempre tan atento, George… Tus cosas?

-Bien. Sabés que nunca me quejo…

-Sí. Qué tomamos?

-Dejame elegir…

Llamé a la camarera y pedí dos cafés etíopes, de los cargaditos. La charla, intuí, iba a ser extensa, y decidí arrancar con suficiente combustible. La variedad de sabores permitía jugar con ellos. Y si la situación daba para extender nuestra charla lo suficiente, íbamos a degustar todas las alternativas posibles.

-Dale, contame…

-Solterita…y sin apuro…

Morí. Morí dos veces. La primera, porque su separación era un hecho. La gravedad de los sucesos, si bien justificaba una reacción así, había dejado abierta la posibilidad de una contramarcha. No por los hechos en sí, aberrantes, denigrantes. Sino por las características de la personalidad de Lucía. Lu defendió siempre, a capa y espada, el valor del matrimonio, como pilar de una familia perfectamente constituida. Y su convencimiento no partía sólo de una formación religiosa, propia de una familia católica y burguesa de San Isidro. Socialmente siempre manejó su vida y la de su pequeña familia en ese sentido, porque partía de un convencimiento, diría, filosófico. Por eso, el motivo de mi duda. Por eso, mi temor a su reacción. Morí, en primer término, porque, a pesar de sus principios tan firmes, tuvo la valentía de respetarse a sí misma, y no aceptar los términos descabellados que Pablo había insinuado plantear para sus vidas.

Y mi segunda muerte tuvo que ver con el “sin apuro” de su respuesta. Era lógico suponer, y creo conocerla bien, que Lucía, mentalmente, no estaba en condiciones de aceptar tan pronto una nueva relación. En ese sentido, debía ir con pies de plomo. Quizás hasta le resultara impropio considerarme, justo a mí, como a una nueva relación amorosa en su vida. De eso, precisamente, no tenía ni idea. Mis deseos y la ansiedad jugaban dos partidas diferentes. Y cómo hacerlos compatibles, era una misión más que complicada…pero a la que no quería renunciar.

Habían pasado los minutos, la charla, su incredulidad de verse atravesar una situación tan cruel como insostenible, su lucha por conservar la dignidad a resguardo, su necesidad de mostrarse tan auténtica como entera para con Solcito, y mi estoica cruzada por no abalanzarme sobre su boca, cuando me sorprendió con una salida que me dejó sin habla…

-George…ahora te toca a vos.

Elena, me lo habías prometido…

-Pidamos otro café…

-Pidamos…te escucho.

-Lu…no sé si es el momento…

-Ya lo sé. Pero algún día vas a tener que sincerarte conmigo…

No podía escaparme… Noté súbitamente un escalofrío terrible. Debía desnudar mi alma sí o sí. Y esta vez no podía, ni debía evadirme. Miré hacia la barra, y con un gesto le hice saber a la camarera que íbamos a repetir la ronda de cafés. Esta vez, algo menos cargaditos. Para ello, bastaba con el clima…

-Lu…siempre te ví como mucho más que una amiga…

No pude sostener la vista. Tantas veces había soñado con este momento, y en todas, había sido más entero. De golpe me invadió una congoja madre. Se me llenaron los ojos de lágrimas y no pude continuar.

-George, si te sirve de consuelo…yo también…hace mucho tiempo. Creí haber borrado ese tipo de recuerdos, pero si te tengo que ser sincera, no sé si pude…

Tomé sus manos. Sus ojos estaban húmedos, también. Solté una sonrisa nerviosa. Más que una sonrisa, resultó una mueca burlona, que sumada a las lágrimas en mi mirada, componían el gesto más inverosímil que mi rostro, algo desencajado, podía transmitir. La presencia de la camarera y los cafés atentaron contra el clima que habíamos creado, pero nos ayudaron a ponernos a salvo de la inundación.

-Dejame ponerte el azúcar…

-Edulcorante…

-Haceme caso… Un poquito de azúcar nos va a hacer bien…

Sonrió. Se secó las lágrimas con una servilletita. Me miró con ternura y me regaló un cálido gracias.

Nuestra conversación siguió por un largo rato más. Volvimos a la universidad y me enteró de su platónico amor por mí, de mi eterna parquedad, de su desilusión y su necesidad de remediarla con Pablo. Juego que comenzó con su despecho y terminó en el altar. Y a la vez yo le conté de mi inmadurez, de la necesidad de no comprometerla y preservarla, de la inoportuna aparición del susodicho y de aprender a vivir con mi resignación, y sin ella. Hasta que llegó la hora de irnos. No habíamos advertido que todos los clientes de la confitería se habían retirado, ya. La carita de la camarera, además, invitaba a partir.

Cuando fuimos a buscar nuestros autos, la abracé. Nos besamos profundamente. Un beso que arrancó allá por nuestra adolescencia y perduró hasta nuestros días. Un beso que nos debíamos y que disfrutamos enormemente. Al separarnos, me miró con la dulzura más elocuente que me podían regalar sus ojos, y me dijo:

-Vas a tener que esperarme… Dejame acomodar un poco la cabeza…

-Lo que sea necesario, Lu. Lo hice por veinte años… Y lo haría por toda la vida, si sé que al final, vas a ser para mí…

-Me encantaría, George, pero…dame unos días. No te voy a pedir tanto…

-Chau…mañana te llamo.

-Al celular…y de día. No quiero que Sol…
-No te preocupes. Confiá en mí…

-Sí. Confío…

Esperé a que subiera al auto y arrancara. Cuando pasó frente a mí, creí ver que me arrojaba un besito al aire y, por las dudas, se lo devolví. Respiré profundamente. Ya no tenía la sensación fea en el pecho. Volví a respirar. La angustia no estaba. Saqué del bolsillo de mi camisa el paquete de cigarrillos. Iba a encender uno, pero, de repente, me arrepentí. Estrujé el paquete y lo tiré en un cesto. El aire estaba demasiado puro para arruinarlo. El cielo, límpido como nunca, me regaló un espectáculo imperdible: Venus estaba suspendido sobre el cuarto de luna, y brillaban como nunca antes. En ese momento, recordé la cara de Lucía, su sonrisa y el lunar sobre su mejilla izquierda. Subí a mi auto y, en la más absoluta y fantástica felicidad, emprendí el regreso a casa. Gracias a Dios, llevaba en la guantera, pañuelitos de papel tissue.

Fín

Georgie