Clarita supo, tiempo después, que se había casado con el enemigo. Por supuesto que se enteró tarde. Como casi todos...

-Se ha comunicado al celular de Julio Turris. Después de la señal deje su mensaje y lo llamaré a la brevedad...PIP.
-Mi amor, soy yo... Llamame cuando puedas...
El infiel, de por sí, trae consigo un bagaje de cosas que alientan este tipo de conductas. Buscar una justificación dentro de su entorno marital, puede resultar tan ambiguo, como vano. Preguntémosle a Julito...
-Sabés lo que pasa, hermano? Quiero sentirme pendejo de vuelta. Que la adrenalina me llegue a todos los rincones del cuerpo. Y con mi mujer no siento eso. Por eso lo busco afuera. Y la calle está llena de atorrantitas que me vienen como anillo al dedo. Culpas? No, no tengo. Ella es una buena mina, pero si no se entera...
Hasta que un día...
-Sentate, hija. Con tu padre lo hemos charlado bastante. Y dudamos muchísimo en saber a ciencia cierta si teníamos que contártelo... Pero decidimos que vos tenías que saberlo... Julio está haciendo cosas que no debe...
-De qué hablan?
-Sale con mujeres...
-Están seguros?
-Sí, hija. Lamentablemente, sí.
-No puedo creerlo...
Julio llegó a su casa por la noche, minutos antes de la hora de cenar. Por supuesto, la mesa estaba dispuesta, y la cena, a punto. Notó que su esposa estaba un tanto nerviosa, pero prefirió no preguntar nada. Sólo se limitó a sentarse frente a la tele, no sin antes advertir a sus hijos que no hicieran mucho ruido, para poder escuchar las noticias. En una tanda, preguntó:
-Todo bien, Clari?
-Sí. Está rico el pollo?
-Sí, como siempre... Pasó algo?
-Por?
-No sé... estás callada...
-Después hablamos...
Volvió a la mesa. Julio seguía allí, ahora mirando el partido.
-Querés un café?
-Uy, sí...dale...
-Tenemos que hablar, Julio.
-Ahora?
-Sí... Me enteré, Julio. No me lo niegues. Te vieron salir de un hotel...estabas acompañado de una mujer...
-Pero...estás loca? Quién te dijo semejante boludez..?
-No agraves más la cosa con otra mentira... Quién es..?
Clara no podía creer todavía cómo lograba mantener esa calma. Toda su estructura se estaba cayendo a pedazos. Por dentro, estaba hecha pelota, y todavía, podía contener toda la indignación y la furia...
-Mirá...no sé lo que te contaron... No podés hacer caso de las barbaridades que la gente...
-Mirá...no me digas nada. No quiero que me cuentes más. Sólo prometeme que vas a dejar todo... Que vas a volver a ser el de antes... Y no pudo continuar. Sus lágrimas se lo impidieron.
Y en un abrir y cerrar de ojos, le devolvió a Julio el control de la situación. Quien, sabedor de todo lo que se ponía en juego, puso la mejor cara de poker, y prometió, de acá en más, olvidarse de sus andanzas.
Y era lógico que todo resultase así. Clara, en su debilidad, demostró que no estaba preparada para hacerse cargo. Ni de ella misma.
Y Julito... Para qué vamos a perder tiempo en explicarlo? Durante un par de meses se convirtió en el ídolo de las abuelas. Atento, compañero, buen padre con los chicos... Una pinturita. Y fue así hasta que una tarde, Clarita lo llamó al celular para pedirle que pasara por la ferretería a comprar unos cueritos para las canillas del baño...
-Se ha comunicado al celular de Julio Turris. Después de la señal deje su mensaje y lo llamaré a la brevedad...PIP.
Georgie

